jueves, 4 de junio de 2009

LA NOCHE DE JOSE ANTONIO

La Noche de José Antonio Ramos

El Auditorio Alfredo Kraus se llenó para homenajear al popular timplista

CANARIAS 7, 4 de junio de 2009
(Foto: Nacho Gonzalez)

(Foto: Nacho González)

(Foto: Nacho González)

(Foto: Nacho González)



José Orive

Las Palmas de Gran Canaria

Banda: Mónica Acevedo (violín), Luis Fernández (piano y teclados), Valentín Iturat (batería), José Carlos Machado (contrabajo), Sergio Martínez y Juan Carlos Melián (percusión), Carlos Oramas (guitarra), Andreas Prittwitz (saxo, clarinete y flauta), Javi Sáiz (bajo), Antonio Toledo (guitarra), Artistas invitados: Roberto Alemán, Mario Ferrer “Mayín”, Víctor Galván, Totó Noriega (percusión); Pancho Amat (tres); Mariví Cabo, Manuel Estupiñán, Héctor González, Luis Morera, José Manuel Ramos, Javier Ruibal (voz); Benito Cabrera, Germán López, Totoyo Millares, Abraham Ramos Chodo, Abraham Ramos Sánchez, Domingo Rodríguez “El Colorao” (timple); Nono García, Paco Marín (guitarra); Kepa Junkera (trikitixa); Nantha Kumar (tabla y kanjira); Mestisay (voz y guitarra); Charlie Moreno (bajo); Polo Ortí (piano); Javier Paxariño (saxello, flauta baja y bansuri); Antonio Serrano (armónica); Carlos Teja (teclado). Dirección musical: Andreas Prittwitz. Espacio y dirección escénica: Manuel González. Producción Jeito. Auditorio Alfredo Kraus.

Se había convertido en uno de los acontecimientos más esperados, y resultó, la anunciada noche de José Antonio, una de las noches más luminosas de la música canaria de los últimos tiempos, no sólo por su cariz de homenaje al excelente timplista innovador, creador e intérprete, sino también, por el staff brillante de músicos canarios de origen sobre el escenario, y canarios de adopción por obra y gracia de la música de José Antonio. Nunca mejor dicho, aquello de que estaban los que son, aunque la lista de los que quisieron estar y no pudieron, como aludía el programa de mano en el capítulo de agradecimientos, podría ser infinita, dado el carácter y amplitud de miras musicales que dejó patente el timplista de Artenara, en su intensa trayectoria artística. Estaban todos los estilos musicales abordados por José Antonio en esa inquietud transgresora que llevó al timple canario a codearse con cualquier sonido o artista por inimaginable que fuera. En la labor de centrar un repertorio idóneo y darle una vuelta sin perder las esencias –no podía ser de otra manera en un homenaje de este tipo- ha sido fundamental el trabajo de Andreas Prittwitz como director musical, dada su cercanía en el trabajo de José Antonio. Sobre el escenario, la maquinaria musical, brillante, espectacular por momentos, que le dio vida por una noche mágica y emotiva, recreó de nuevo la música de José Antonio con temas procedentes de sus trabajos Los cuatro gigantes, mayormente, y de Puntales, Jeito, el Para timple y piano en colaboración con Polo Ortí, Las manos del maestro, homenaje a Totoyo, y su póstumo Very Jar. La puesta en escena, las proyecciones, la selección de imágenes, parte técnica y de producción, se confabularon junto al público que llenaba el Auditorio para que fuera una gran noche de homenaje para el recuerdo.
Se inició el concierto con una mirada de futuro con la presencia de dos de sus mejores alumnos que interpretaron Retamilla, tema que José Antonio dedicó a su padre en el arranque de su discografía en solitario hace 11 años, para dar paso a la banda base, que no desentonó en ningún momento, precisa y empastada. Posteriormente, Luis Morera –que está espléndido de voz- haría una impresionante versión del Arrorró con ciertas reminiscencias africanas, a quien siguió Antonio Serrano, un armonicista excepcional en el panorama musical español con 96 to Stafford. La parte jazzística llegó con Polo Ortí, recordando Our spanish love song, una sentida canción debida a Chalie Hadden y Pat Metheny de su disco conjunto Beyond the Missouri sky, que incluyeron Polo y José Antonio en aquella impagable incursión jazzística a dúo timple y piano de 2003. Luego las expresivas voces de José Manuel Ramos y Mariví Cabo a dúo en Folías del Vedao, la confabulación rítmica de Víctor Galván con el bajo de Charlie Moreno de espectacular slapping y toque funky para el Swai-Swai, o el lirismo de Paco Marín a la guitarra degustando Sin licencia, las sonoridades flamencas de Nono Garcia para la refrescante Agua de barranco, y las contundentes aportaciones vocales de Javier Ruibal para una nueva puesta en escena de Fúlgida luna. La aproximación cubana la daría el virtuoso tresero Pancho Amat, primero salpicando de notas caribeñas los aires de lima interpretados por Mestisay, y luego, de manera más explosiva en el De isla a isla con apoyo de Mayin. Aparecería en el escenario, Totoyo Millares, el indiscutible maestro, para sumarse al homenaje, recibido con numerosos aplausos de reconocimiento por el público. Sería el momento de los timples, nada menos que junto a Domingo Rodríguez El Colorao, Benito Cabrera y Germán López, cuatro estilos diferentes y virtuosos, de alto tecnicismo y poética para ofrecer folías y seguidillas de Lanzarote, como preámbulo al momento más intensamente emotivo de la noche, cuando la introducción de los timplistas al Very Jar, dio paso al sonido del propio timple de José Antonio reflejado en la pantalla instalada al fondo, hacia la cual, en señal inequívoca de admiración se giraron en silencio los músicos participantes, mientras el público puesto en pie, cerraba la interpretación con una larga ovación. Pero seguiría la celebración de esta noche de José Antonio, con aires de fiesta, con la presencia del virtuoso de la trikitixa o acordeón diatónico de botones, Kepa Junkera, ofreciendo con la banda polkas, uno de los primeros ritmos, que como decía el propio José Antonio, aprenden los timplistas con los primeros rasgueos. Los sonidos más exóticos vinieron del propio Kepa, Nantha Kumar y Javier Paxariño haciendo éste una insinuante introducción con la flauta baja en La tía canaria, para retornar a las raíces con el temperamento interpretativo de Manuel Estupiñán y Héctor González en Seguidillas y saltonas de Artenara. Así, poco a poco se fue llegando al final, con Sin tus ojos, con la que se fue llenando el escenario de músicos para corear esta incursión de José Antonio como letrista y cerrar un espectáculos en el hubo duende de principio a fin.

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