sábado, 6 de junio de 2009

TIMPLE & TRES

Se le llama piquete a un grupo musical no convencional que tiene distintos formatos y que ejecuta distintos estilos de música. Con este tipo de conjunto típico cubano, diferente al Cabildo del Son con el que se ha presentado anteriormente en la isla, lo hizo esta vez el virtuoso tresero Pancho Amat. Un concierto especial por dos motivos. Primero, porque la inclusión de su hijo Daniel, posibilitaba una experiencia novedosa de dialogar entre la música tradicional y la de formación más reciente a partir del pasado siglo. Segundo, porque sirvió de encuentro entre el tres y el timple en las manos de Germán López. La fusión fue de entrada electrizante y demostrativo de que todavía en la música hay mucho que decir, sobre todo cuando se encuentran buenos músicos. Un tema de creación reciente del joven timplista de Artenara, Germansito, como lo llamaba cariñosamente Pancho, de título La graciosera, servía de puente sonoro de dos culturas no tan ajenas. Al margen de esto último, el repertorio tuvo una serie de perlas de la tradición musical cubana, empezando por el más famoso danzón de Antonio Maria Romeu, Tres lindas cubanas (estrenado en 1926), después de la inicial descarga de impresionante tumbao con Cortico pero sabroso de Daniel Amat, y la nueva mirada sobre el poema de Nicolás Guillén, rebautizado por Pablo Milanés De qué callada manera. Daniel Amat, a pesar de su juventud, se expresa con profundidad y dúctil creatividad que engrandece su manera de tocar el piano, y que dará mucho que hablar con este nuevo proyecto junto a Pancho Amat, habitual productor de sus discos. Tras ofrecer otro de su propia cosecha como Una barca en Camagüey, hicieron una antológica lectura del conocido 20 años de María Teresa Vera, antes del emotivo –dedicado al reciente fallecimiento de su madre- La tarde, magnífica herencia del más importante trovero de Cuba, Sindo Garay, que lo compusiera hace un siglo con letra de la puertorriqueña Lola Rodríguez. Y como cierre, otro hijo ilustre de Puerto Rico, el sin par Rafael Hernández con su ya octogenario Capullito de alhelí, interpretado de forma trepidante al tres por Pancho, con un diálogo portentoso a piano y tres.

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