lunes, 3 de junio de 2013

EL TIMPLE. NUESTRO PEQUEÑO GRAN INSTRUMENTO


El 4 de junio de 2008, nos dejó el timplista grancanario José Antonio Ramos. Su aportación musical ha sido inmensa no sólo en lo referente a la creatividad, sino también en situar el típico instrumento de cuerda canario a un nivel insospechado en el contexto nacional e internacional. Tradicionalmente el timple -también conocido como "tiple" en sus orígenes por su característico sonido agudo- fue durante siglos indispensable en la música folklórica canaria, presente tanto en la melancolía de la folía o en el alegre rasgueo de la isa. Excelentes artesanos han mantenido la esencia de este instrumento, pariente del cavaquinho portugués, y también excelente intérpretes y creadores lo han mantenido vivo durante siglos aportando cada uno su especial técnica. José Antonio Ramos, se enfrentó al reto de darle contemporaneidad y equipararlo a cualquier instrumento actual con el formato electro-acústico preparado por los luthiers Jesús Machín y Juan Molina. Desde entonces, el timple se ha convertido en un sonido familiar en los contextos de otras músicas actuales que van del jazz al flamenco, el blues, el rock o las música de raíz, e incluso la clásica. Durante un tiempo, siguiendo la estela de otros timplistas de pro como Casimiro Camacho o Totoyo Millares, entre otros, el timple canario ha vivido una época dorada con la aportación de Domingo Rodríguez "el colorao", Benito Cabrera y el propio José Antonio, cuyas colaboraciones tuvieron un punto álgido en el proyecto conjunto "Timple @ 2000". No sólo está su propio trabajo -en el caso de José Antonio reflejado en una docena de discos, amen de una amplia participación en otros junto a artistas de los más diferentes estilos-, sino la brecha abierta a generaciones posteriores que hoy siguen su propio camino, en la que nos viene apresuradamente a la memoria Germán López, Yone, Beselch Rodríguez o Abraham Ramos.
En estos cinco años la presencia del timple no ha dejado de estar presente y con fuerza en la música de las islas, traspasando fronteras y abriendo cauces de experimentación inusitados, aunque desde algunos estamentos oficiales se le siga haciendo caso omiso. Por tanto, que el Ayuntamiento de Artenara, de donde procedía José Antonio, siga manteniendo su proyecto de reunir en la cumbre grancanaria cada año a músicos con los que mantuvo colaboración, no deja de ser en estos tiempos sombríos una buena noticia, como el reconocimiento de ponerle a un colegio su nombre en Las Palmas de Gran Canaria. 
Pienso, que aún el timple nos va a deparar nuevas y gratas sorpresas, gracias a la inquietud y el trabajo de quienes lo han ido poco a poco haciendo grande. A todos, y en especial a José Antonio, en el recuerdo, ¡gracias!

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